¿QUÉ HE HECHO YO PARA MERECER ESTO?
(P. Almodóvar, 1984)
LA SUBVERSIÓN DEL ESTEREOTIPO FEMENINO

What have I done to deserve this? (P. Almodóvar, 1984)
The insubordination of female stereotypes

Lcdo. Erick D. Martínez
Northridge, California

Recibido el 27 de Abril de 2011
Aceptado el 20 de Mayo de 2011

Resumen. Este articulo enuncia que la producción cinematográfica de Pedro Almodóvar, ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, deconstruye los antiguos estereotipos femeninos que reducían a la mujer a las funciones de atender la casa, criar los hijos y atender todas las necesidades de su marido. En esta película se  subvierte este papel de la mujer sumisa. Almodóvar traza un modo distinto de representación de la mujer partiendo, sin embargo, de un personaje - Gloria, que aparentemente cumple las funciones asignadas tradicionalmente a su género. Lo genial del director manchego es que es esta misma mujer “tradicional” quien se rebela contra el canon patriarcal que la ha excluido y la ha convertido en un objeto sexual a través de la mirada del hombre, sin contar con que ella también tiene deseos.
Palabras clave . Feminismo, Estereotipo Femenino, Microcosmos, Fascismo, Objeto Sexual.

Abstract.This article explores how Pedro Almodóvar's,, deconstructs stereotypes that concern the woman condition in the film What have I done to deserve this? . These conventions demean women and limit their roles as housekeepers, human procreators dedicated to meet all their husband's needs. This film subverts the traditional role of the submissive women and Almodóvar sketches a different mode of representation for women creating a protagonist - Gloria. She apparently complies with the tasks traditionally assigned to her gender. The Manchegan director's creativeness consists in the portrayal of this "traditional" woman who fights against the patriarchal canon. A system responsible for her exclusion and for converting her in a sexual object. A condition determined by a male gaze, without taking into consideration the existence of her own feelings.
Keywords. Feminism, Female Stereotype, Microcosm, Fascism, Sexual Object.

Ten preparada una comida deliciosa para cuando él regrese del trabajo.
Especialmente, su plato. Ofrécete a quitarle los zapatos. Habla en tono bajo, relajado y placentero.
Extracto de "Sección Femenina" de la Falange Española de las JONS
(Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista) - Partido del Movimiento Nacional - 1958.

 

Desde un punto de vista feminista, el papel de la mujer debe ser reinterpretado teniendo en cuenta no sólo las contribuciones de éstas en los procesos sociales, sino también los mecanismos patriarcales que han impedido su participación en el espacio público. La crítica feminista frente a la cinematografía confronta la postura patriarcal en las películas y, sobre todo, a la repetición de representaciones estancadas que subyugan a la mujer a roles estereotipados tradicionales: la esposa sumisa, la madre abnegada, la prostituta, el ama de casa, la mujer histérica, frustrada y, principalmente, el rol de la mujer vista por el ser masculino como objeto sexual. Así pues, partiendo de esta propuesta feminista (1), en el melodrama (2) ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, el cineasta español Pedro Almodóvar nos muestra, a pesar de algunas críticas feministas, una notada resistencia (3) de la mujer que pretende distanciarse de los mecanismos franquistas que la habían condicionado por largos años.

Isolina Ballesteros indica que parte del cine que se produce en la transición tiene un objetivo político expreso: dar visibilidad a ciertos circuitos marginales carentes de voz y generar una coincidencia entre cine y realidad social que a la larga se traduzca en una mayor conexión con la audiencia (Ballesteros 2001: 15). Así pues, la intención de Pedro Almodóvar es precisamente destapar frente a las cámaras una de las caras de la fealdad hermética de la sociedad española y contrastarla con el sofocante mundo interno de su heroína. Si bien las mujeres almodovarianas denotan con gran ímpetu los estereotipos femeninos considerados esenciales para la mujer durante el franquismo (4), no se puede negar que, de alguna manera, estos personajes femeninos también cumplen con una buena dosis de rebeldía e ironía cuya intención conlleva el ridiculizar y desestabilizar la favorable condición masculina. Esta caracterización explica que en todo el film se observe una mofa manifiesta de la autoridad paterna cuando existe, ya que muchas veces se encuentra ausente.

En relación con lo expuesto anteriormente, si bien las mujeres en la película se sitúan en un punto de transición política española que se orientaba a la democracia, también es lógico considerar que Antonio y las demás figuras masculinas que se mueven en el film todavía representan ese sistema decadente e inútil del cual Almodóvar se mofa. En otras palabras, Almodóvar satiriza el pasado franquista y la frágil transición democrática que se intenta instaurar después de la caída del dictador. Por ejemplo, cuando Gloria le explica a Antonio que no hay vino en la casa para acompañar la cena, éste revela su verdadera cara patriarcal, representativa del ideario fascista, que, consecuentemente, lo identifica como un hombre potencialmente peligroso: "Paso todo el coño día trabajando como un burro para llegar a casa y encontrarme con un pollo quemado y no hay ni un vaso de vino en la casa".

En cualquier caso, lo que el director intenta mostrar a su audiencia es un mundo doméstico de la España de los 80: Gloria y Antonio viven con dos hijos y la abuela en un pequeño y amontonado apartamento; no tienen suficiente dinero para pagar la comida, la renta y las utilidades; se trata de un ámbito asfixiante en el que se despliega la vida de Gloria, microcosmos que representa la intolerable vida de las mujeres en cualquier ciudad industrial, representada aquí por Madrid. Para estas mujeres el único escape radica frecuentemente en las drogas, el alcohol y las fantasías de una vida diferente.

Las primeras críticas feministas dirigidas a los estereotipos que sobre las mujeres presentaba el cine de Hollywood, acusaban a estas producciones de ofrecer repetidas imágenes de la mujer distorsionadas y convertidas en objetos. Imágenes que necesariamente tendrían un impacto negativo en las espectadoras. Estas mismas críticas feministas trataron de entender el poder de las imágenes sexistas en el arte y cómo la diferencia entre los géneros es codificada en la narrativa clásica. Se sirvieron para sus análisis de la ayuda de marcos teóricos estructuralistas, como el psicoanálisis y la semiótica (Farfán). Sin embargo, la “estereotipación” que lleva a cabo el director manchego es vista por el feminismo de un modo distinto. Almodóvar se adentra en el mundo de la mujer y construye un cine que se ha denominado “femenino.” Ballesteros nos dice que la inclusión del cine de Almodóvar dentro de esta categoría ha sido defendida no sólo por un entregado público (principalmente femenino) que considera que el cineasta manchego sabe mucho de su psicología o, como se ha dicho en innumerables ocasiones, que "es el director que mejor entiende a las mujeres", sino que también es una idea defendida por las actrices (5) que trabajan con él y por numerosos críticos que le han dedicado artículos y libros (Ballesteros 2001: 58).  Por ello, es posible considerar que ¿Qué he hecho yo para merecer esto? representa, para muchos críticos, uno de los primeros filmes en el cual el director enfoca su habilidad cinematográfica en favor del mundo femenino.

Sin embargo, esta película de Almodóvar encuentra también críticos que ofrecen una interpretación negativa basándose en los propuestos de Laura Mulvey. Esta teórica propone en su ensayo El placer visual en el cine narrativo (6), un uso político del psicoanálisis para explorar los posicionamientos preestablecidos en el cine. Parte de la premisa de que en el cine clásico la figura femenina funciona meramente como imagen pasiva sobre la que la mirada activa masculina proyecta sus fantasías (Asparkia 2003: 60).

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© Cameo Media S-L.

En el film que analizamos aquí, el director crea un espacio en el que la figura femenina continúa ajustándose al estereotipo franquista sobre la mujer. Almodóvar nos proyecta desde el principio una heroína cinematográfica que se aparta radicalmente de aquellas consagradas por Hollywood, pero que coincide con ellas en ser un producto de la mirada y el fetichismo masculinos. Si bien es cierto que el film de Almodóvar nos muestra ese rol que la sociedad franquista había reservado para la mujer, paradójicamente también le confiere el protagonismo ejecutor de la desfiguración del modelo masculino. Así pues, Gloria (Carmen Maura) encarna el sexo débil, el ama de casa y la madre que se ocupa de todo, pero esto no impide sino que más bien incrementa su frustración ante una sociedad que la discrimina. En ¿Qué he hecho yo para merecer esto?,Gloria, como objeto pasivo que representa para la mirada masculina, simboliza todos los síntomas y efectos de una sociedad post-franquista. Al igual que esta sociedad está dominada por la subyacente mirada del policía-sujeto activo, hasta tal punto que se rinde para satisfacer el deseo sexual y fetichista masculino de su agresor. En este marco, la figura femenina está reducida a actuar como objeto erótico; sin embargo, muy hábilmente, Almodóvar da a Gloria el control de la mirada; una mirada que observa el cuerpo y el órgano genital (impotente y pequeño) del policía, convirtiendo a éste en objeto de la mirada de nuestra protagonista. Gloria representa a esa mujer española que ya había experimentado una tímida evolución en el tardofranquismo y que ahora se destapa, en sentido literal pero también figurado, en esta nueva fase transicional de la historia nacional y aparece como una nueva mujer, aunque  todavía en construcción (Guarinos 2008: 51). Por lo tanto, escondido detrás de una ilusoria máscara franquista y anti-feminista, Almodóvar altera el rol del hombre como elemento central de la película. Para ello, lo despoja de su caracterización heroica y dominante y lo convierte en una figura caricaturesca e incapaz de ser un digno representante del sistema patriarcal.

Gloria desea conseguir placer sexual en la escena inicial y accede a las insinuaciones del policía. Sin embargo, no es forzada por este sujeto activo, sino que Almodóvar le otorga la libertad (7) de elegir y poder así aliviar un poco la frustrada vida sexual que lleva al lado de su marido.

La sumisión de Gloria al falo masculino en esta escena inicial es, paradójicamente, ridiculizada cuando el hombre pierde su erección y se muestra incapaz de satisfacer la ya frustrada vida sexual de Gloria. Así que, la conducta de Gloria representa esa subversión contra la ideología dominante patriarcal. Ideología según la cual el hombre no puede asumir un rol pasivo y, por lo tanto, no puede ser sometido a la "objetificación" sexual (Asparkia 2003: 60). Almodóvar despoja al hombre de su posición como espectador y sujeto activo; por consiguiente, el policía, que se muestra potente y seductor al principio, tiene que abandonar la escena con los hombros, el orgullo y su órgano sexual caído. Contrariamente a lo preestablecido por una sociedad que otorga a la mujer un rol subalterno en la vida real y en las producciones cinematográficas en relación con el sistema dominante, en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Almodóvar se aparta de esta perspectiva y otorga el protagonismo central de sus historias a las mujeres. Las convierte en los sujetos activos que castran al supuesto héroe de la acción. Almodóvar da voz a los estereotipos femeninos para subvertirlos y ofrecer una nueva visión de la mujer.

Los personajes superficialmente estereotipados que Almodóvar presenta son mujeres que, bajo ese estado opresivo tardo-franquista, exigen igualdad sexual, demandan su participación en el ámbito público, toman decisiones, protestan ante lo impuesto y no se conforman con una vida hogareña. Paradójicamente, en el film los perfiles masculinos que el director nos presenta son patéticos. Hombres sin ningún rumbo, ridículos dentro de sus tradicionales roles patriarcales. Para Rosabel Argote, en su artículo “La mujer inmigrante en el cine español del inaugurado siglo XXI”:

La importancia de este desmontaje simbólico (invisibilidad marginal del director, visibilidad central del personaje femenino) se entiende si, volviendo a Montesinos, aceptamos que todo cambio social necesita de la transformación de las estructuras simbólicas y mentalidad de los individuos a quienes afecta dicho cambio. Sabemos que la situación de la mujer ha cambiado con las luchas y las reivindicaciones de las últimas cuatro décadas, pero sabemos también que ese cambio no habría sido posible si, paralelamente, el cine, la literatura, los mass media... no hubiesen colaborado en la construcción de un nuevo imaginario colectivo contenedor de una nueva identidad tanto para los hombres como para las mujeres (Argote 2003: 18).

La fuerte imagen de la mujer estereotipada que nos presenta Almodóvar en su film no está diseñada por casualidad sino que está estratégicamente construida para manifestar la asfixiante vida de las protagonistas en un mundo masculino que no aporta lo suficiente desde el punto de vista monetario para el mantenimiento del hogar, ni satisface sexualmente a su mujer.

María Donapetry en su libro La otra mirada nos dice que Almodóvar, a través de sus personajes femeninos y de su estilo narrativo, resuelve el problema (8) a base de insistir en la importancia del público como "voyeurs". Esto es a base de hacer conscientes a los espectadores de su mirar y de su apropiarse de lo que ven. La seña de identidad de su cine es el tratar la subjetividad femenina en una sociedad predominantemente patriarcal y hacerla triunfar y superar las condiciones que pudieran serle adversas (Donapetry 1998: XII).

Como se ha repetido muchas veces, el cine almodovariano, en apariencia, nos presenta al hombre como el portador de la mirada y a la mujer como el objeto de la mirada, pero es también necesario observar que Almodóvar invierte y transgrede, una vez más, esos patrones preestablecidos que usa como base de sus películas. En una escena de la película que analizamos, Cristal -la prostituta y amiga de Gloria- le pide que la acompañe para un trabajo. Ante la negativa de Gloria, Cristal le explica que el trabajo no es peligroso. Se trata de un cliente exhibicionista que le ha solicitado una audiencia que observe y sea testigo de su fantasía voyeurista. Claramente, el resultado de esta escena es una parodia del poder de seducción que el hombre intenta ejercer sobre la mujer.

El discurso del exhibicionista, aunque de un modo tosco, dicta su propia fantasía de poder sexual mientras las dos mujeres pretenden observarlo. Sin embargo, la representación del exhibicionista no hace más que ofender el gusto estético de su público. El hombre acaba siendo deformado en cuanto a su apariencia estética y su función viril: en Gloria no se despierta ni el mínimo deseo sexual al observar el humorístico acto exhibicionista, ni mucho menos le despierta la curiosidad por observar el acto sexual de su amiga con el fálico actor. De igual manera, Cristal simula disfrutar del falo masculino en un lugar lleno de objetos que ella utiliza para su propia fantasía sexual; objetos que representan su clara negación e insubordinación al pene masculino como objeto de satisfacción. Ernesto R. Acevedo-Muñoz nos dice en su libro Pedro Almodóvar lo que el director hábilmente ha logrado al incorporar esta escena voyeurista invertida: "The man's performance in the artificial, theatrical setting of Cristal's kitschy apartment, cluttered with objects of her own fantasies of stardom, is a scathing parody of masculinity and Spain's machista mentality itself " (2007: 56).

¿Qué le sucede a la espectadora (Gloria) en cuanto al supuesto objeto sexual observado (el exhibicionista)? Mary Ann Doane parte de una aseveración de Mulvey y manifiesta la posición de la mujer en estas circunstancias: "Cada sistema (el cine y el psicoanálisis) especifica que la relación de la mujer con respecto al deseo es difícil si no imposible. Paradójicamente, su único acceso es el deseo de desear". De la misma forma, asegura María Donapetry que "las implicaciones de esta situación son que al hombre espectador se le permite, es más se le alienta a que satisfaga sus deseos escopofílicos y a la mujer se le deja sin deseos” (1998: 8-9).Es evidente que Almodóvar exhibe en su film esta imagen tradicional de la mujer que, como Gloria, ni siquiera representa un objeto de deseo debido a su imagen hiperbolizada de mujer sufrida, insatisfecha y falta de deseo sexual que, paradójicamente, se mezcla con la imagen que Almodóvar nos presenta de Cristal, la prostituta que es vista como un objeto de deseo o bien como explica Milagro Farfán en su artículo Sobre presentaciones de la mujer en el cine y critica feminista, "A fin de reducir la ansiedad de castración provocada por la figura femenina, ésta es convertida en un fetiche; un objeto de belleza perfeccionado que satisface en vez de amenazar" (Farfán 2010). Sin embargo, Cristal es un objeto de deseo que ella misma manipula para su propio beneficio lucrativo. Cristal, la prostituta, siempre está en control de la mirada y la acción, con lo cual ridiculiza la figura caricaturesca y la impotencia del exhibicionista. Su deseo sexual no queda en el simple deseo de desear del cual habla Mulvey, sino que lo puede obtener y, además, a cambio de dinero; pero esto no es así en la realidad ya que, al igual que Gloria, su insatisfacción sexual persiste debido a la impotencia del ser masculino.

El film de Almodóvar se aleja de la postura tradicional que observa a la mujer como objeto y, en su lugar, la mujer aparece como sujeto con voz interpretativa que reexamina su dependencia del personaje masculino, tal vez para liberarse de ella o, al menos, para cambiarla. Las prostitutas, máxima representación del carácter servil femenino hacia las necesidades masculinas, han servido tradicionalmente, sin embargo, a los narradores de la clase dominante para identificar todo aquello que supusiera una amenaza para las instituciones conservadoras (la familia) y, por tanto, como una amenaza para su clase social patriarcal (Argote 2003). Almodóvar, se rebela contra esta visión a través del personaje de Cristal. Para empezar, no se trata de una prostituta callejera o enganchada a las drogas. Es una profesional independiente, dueña de su propio negocio y con una visión de futuro en su sueño de viajar a Las Vegas. No es la típica prostituta amargada y dominada por un complejo de culpabilidad, sino que lleva a cabo su trabajo con orgullo y dignidad y toma sus propias decisiones.

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Observamos también a través de Cristal y Gloria en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? una subversión del rol de la mujer como espacio de colonización por parte del hombre. Ahora es ella la que desea como ser independiente. Algo que entraba en conflicto con la postura patriarcal propia del franquismo, todavía presente a nivel ideológico en gran parte de la sociedad española de la época de la transición. Como nos indica María Donapetry en La otra mirada:

El peligro social en el nuevo régimen era la 'otredad'... Ésta se eliminó directamente con la represión e indirectamente con el exilio masivo de disidentes. Ahora bien, la otredad de la mujer no podía someterse de la misma manera, había que controlarla explotando algún aspecto de la condición femenina que se pudiera colonizar. Se empezó por remitir el papel social de la mujer al hogar, y se glorificó la maternidad desde una perspectiva católica en detrimento de cualquier otra característica femenina (1998: 39).

Según Donapetry, "Los personajes de estas películas vienen dotados de la magnitud de la figura histórica lejana en el tiempo pero no en su interpretación como alegoría de los valores vigentes en la España franquista (1998: 40). Almodóvar con su ¿Qué he hecho yo...? nos muestra que los sentimientos de opresión, sucesivamente, se contraponen al criterio masculino y, en su lugar, se manifiesta el íntegro deseo del estereotipo femenino por reinterpretar su identidad, escapar, y mejorar su situación. He ahí el futuro que el director le reserva a Gloria, el ama de casa que debe asumir el hogar como el único logro cultural de la mujer en el ámbito de la cultura objetiva (Beriain 2000: 161).

Si bien el papel interpretativo de la protagonista Gloria (9) se aferra hiperbólicamente a esta imagen de mujer sufrida, abnegada y sacrificada, esquemáticamente, Almodóvar le confiere de un modo irónico la libertad que una mujer desea y necesita para incorporarse al ámbito laboral. Gloria trabaja como limpiadora, oficio tradicionalmente reservado a las mujeres, y, además, tiene que encargarse de todas las labores de su hogar. Sin embargo, a nivel teórico, esto le da un cierto poder al ser la única proveedora del núcleo familiar. Aunque ésta era una situación no tan extraña en la España de los ochenta y antes, a nivel ideológico, transgrede (10) la doctrina patriarcal que establece que los hombres van a los centros de trabajo y de actividad cívica, mientras a las mujeres se les confina al cuidado del hogar y los hijos. Así pues, Almodóvar le delega a Gloria el dominio laboral que la libera -aparentemente- de las ataduras y obligaciones hogareñas que la subyugan a Antonio - su marido.

En su crítica contra el sistema patriarcal, Almodóvar nos presenta, en primer lugar, el perfil de un marido caricaturizado que no es capaz de satisfacer las necesidades sexuales de Gloria. Durante la escena donde Antonio decide descargar su ímpetu sexual en Gloria, ésta se muestra totalmente indiferente ante el coito placentero que el marido parece experimentar; la indiferencia de Gloria constituye una técnica ideológica y cinematográfica que el director utiliza para despojar al marido, al igual que al policía y al exhibicionista, de su machismo, sadismo y virilidad y del poder que todo esto conlleva. Se trata del mismo efecto producido cuando el policía es ridiculizado por segunda vez en la escena en que Cristal lo acompaña al doctor en busca de medicina para curar su impotencia sexual. Así pues, tanto Gloria como Cristal se convierten en testigos presenciales de la castración fálica del hombre que pretende ejercer su poder sobre ellas precisamente a través de sus dotes más masculinas; es decir a través de su rol predeterminado de proveedor de placer. Esta castración simbólica aumenta cuando  el director nos presenta al marido de Gloria como un padre y jefe de familia que no es capaz de sostener el hogar económicamente; en este caso, es la mujer quien gana más y cubre los gastos de la casa. Por lo tanto, el varón/macho Antonio (genuino representante de la historia lejana y alegoría de los valores vigentes en la España franquista) queda reducido a un ser inútil, al cual se le quita el aparente dominio patriarcal para otorgárselo a la mujer.

Este despojo del cetro patriarcal lo observamos claramente en una de las escenas más importantes del film. En ella, el marido de Gloria le exige que le planche la camisa para poder presentarse bien arreglado frente a la mujer alemana de la que está enamorado, una cantante con la que tuvo un romance que no ha olvidado y a quien escucha todo el tiempo por la radio. Es curioso que Almodóvar haya recurrido a los celos para ahondar en la representación de Gloria como esposa, madre y mujer subversiva de los valores impuestos sobre ella. Se niega rotundamente a planchar la camisa como una manera de rebelión contra la vida que lleva. El marido, enojado por la insolencia (11) de su esposa, abusa verbalmente de ella y le arroja la camisa en la cara para enseguidamente darle una bofetada. Aterrada e indignada por el abuso verbal y físico, Gloria toma un hueso de jamón y golpea a Antonio en la cabeza usando las técnicas del Kendo aprendidas en sus horas de trabajo en el gimnasio. Antonio muere en el momento, en una escena que más se puede calificar de cómica que de tragedia.

Vemos en la escena descrita que Gloria no puede soportar más su frustración y decide luchar contra los malos tratos de su marido. Si bien el asesinato de Antonio (sujeto activo en la mente de Gloria) no cambia completamente la vida de nuestra protagonista, sí da comienzo a una evolución que proyecta un deseo de dominio y control de su propia vida y, sobre todo, refleja un alto deseo de que el mundo reconozca su doble aportación en la sociedad tanto en el ámbito del hogar como en el medio laboral productivo.

Es esta falta de reconocimiento ejemplarizada tan claramente en ¿Qué he hecho yo...? el factor que hace que las mujeres de Almodóvar continúen siendo representadas con una pesada máscara del estereotipo femenino. No obstante, es importante destacar que esa misma mujer almodovariana desfigurada sigue evolucionando. Ya no es la mujer obediente ni la esposa sumisa, ni mucho menos la madre abnegada que cuida y dedica tiempo a sus hijos. Si lo es, no sigue el modelo tradicional y, de alguna manera, lucha por desprenderse o liberarse (12) de ese modelo.

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En el caso de Gloria, su incorporación al campo laboral y la destitución de la figura patriarcal dan lugar a una desestabilización de las relaciones familiares y de su estructura de poder (López Juan 2004: 298). De alguna manera se podría afirmar que la película del director manchego es un claro indicio de la descomposición de la familia tradicional española o, al menos, de su metamorfosis en algo diferente. Esta subversión al encajonado tradicionalismo español es obvia cuando, al principio de la película, la televisión presenta un informativo sobre el control de la natalidad. De esta manera, Almodóvar nos presenta el debilitamiento de la ideología que asignaba a la mujer el rol (13) de madre abnegada y destinada solamente al cuidado de los niños. El anuncio comercial llega un poco tarde en la vida de Gloria, quien ya es madre de un par de hijos poco convencionales. Es esta maternidad de la protagonista la que pone en relación el melodrama de Almodóvar con la tradición franquista de otorgar a las mujeres una sola función, la de dar hijos al marido. Tradición que insiste en la imagen sacrificada y tierna de la mujer. Sin embargo, el cine almodovariano confronta estos aspectos de una manera subversiva, dotando a su protagonista y heroína, Gloria, de una sensibilidad diferente frente a los hijos, una sensibilidad que la despoja totalmente de esa imagen de la madre abnegada. Isolina Ballesteros comenta sobre la situación caótica que envuelve a Gloria en este asunto y, de alguna manera, excusa su actitud debido a su estado de mujer marginada:


Gloria encarna a la verdadera casada de clase trabajadora, que la propaganda oficial franquista quiso ignorar o eliminar de su programa: analfabeta, insatisfecha, malhumorada y eternamente cansada después de interminables jornadas de trabajo doméstico dentro y fuera de su casa, maltratada y víctima de los abusos de un marido machista y desconsiderado, abrumada por la responsabilidad de ser la única proveedora de la familia en un estatus social de permanente escasez y, por lo tanto, indiferente al crecimiento y educación de sus hijos (2001: 61).

Es esta insatisfacción vital a la que se refiere Ballesteros la que conduce a Gloria a esnifar pegamento, a tomar pastillas narcóticas y otros alucinógenos caseros para escapar de su cruda realidad. Su educación es muy básica y, por lo tanto, es incapaz de ayudar a sus hijos en sus tareas escolares. No queda claro en la película si la personalidad de los hijos es un producto de la ausencia de la madre abnegada. Más bien parece ser una consecuencia del medio social marginal en el que se mueven. Lo cierto es que los hijos de Gloria tampoco se adhieren a los presupuestos de una sociedad que se supone hereditaria de los ideales del franquismo. Por un lado, Tony -el hijo mayor- se dedica a vender drogas y, por otro lado, Miguel -el menor- se nos presente como un joven púber con tendencias homosexuales que es vendido por Gloria al dentista (14) para comprarse un moldeador de pelo. En este ámbito familiar, la abuela no hace más que añorar un pasado lejano, representativo de la época franquista. Pero es una añoranza que también subvierte el pasado y el presente ya que, junto a su nieto Tony, hablan sólo de sus deseos de regresar al campo, al pueblo o a la villa de donde nunca debieron haber salido. Pero el modo de conseguir este deseo es a través de la venta de drogas.

En ¿Qué he hecho yo para merecer esto? la representación de la institución familiar tiene por objetivo principal su propia deconstrucción. Se analiza el carácter ridículo del cetro patriarcal al mismo tiempo que se nos muestra la continuación de esta tradición pero hacia nuevas formas familiares. Antonio representa la opción tradicional y conservadora, cuyo poder se apoya en la colonización (15) de la mujer. En contraste, Almodóvar nos muestra que existen modelos alternativos. Para desarrollar su mensaje, el director parodia la continuación del dominio masculino sobre la figura femenina.

Antonio, un falsificador con inclinaciones fascistas, enseña a su hijo Tony como reproducir su propia firma: "Yo se la imitaba a mi padre y tú me la tienes que imitar a mí". El padre alega que la firma es tan importante como el apellido. La intención de Almodóvar es mostrar el paradigma de una España que se sumerge en una crisis de identidad y fraude. En el caso de la familia de Gloria, el cetro patriarcal se transfiere primero a un nuevo patriarca vendedor de droga y que decide huir y abandonar a su madre y, finalmente, a un páter familias cuya minoría de edad, drogadicción y homosexualidad lo colocan fuera de la esfera de lo aceptado por la sociedad convencional. Tal y como nos indica Isolina Ballesteros: "La autoridad paterna se transmite así directamente al hijo, el cual a través de la firma podrá sustituir al padre ante la ley. Sin embargo, la autenticidad del patronímico, la legitimidad del vinculo, están siendo negadas por la imitación, copia y falsificación" (2001: 72).

Sin embargo, Almodóvar da una vuelta de tuerca más al complicado asunto de la organización familiar y de la ubicación de la mujer en esta organización. La incorporación de Gloria al campo laboral, la eliminación de la figura dominante que la esclavizaba y la renuncia de Tony a ocupar el privilegio patriarcal disponible tras la desaparición de Antonio, parecen indicar que la mujer no necesita de un macho, de un marido o de un padre para sobrevivir dentro de una sociedad meramente masculina. Pero, irónicamente, no es esto lo que piensa Gloria. Para ella el orden patriarcal debe ser restaurado. Es como si la España de la transición democrática no hubiera superado totalmente el sistema ideológico establecido a lo largo de la historia del país y, muy especialmente, durante los cuarenta años de la dictadura franquista. Almodóvar se niega no obstante a admitir que esto sea así en la España de finales de los ochenta y propone una alternativa que combine la tradición patriarcal pre-existente con la nueva ideología liberadora de la sociedad española. Gloria advierte que toda casa "necesita un hombre" y Almodóvar, atendiendo a esta llamada, va a restituir la figura patriarcal subvirtiéndola hasta sus límites: el nuevo jefe de la casa será un niño homosexual y prostituto de 14 años. La ironía está presente sin lugar a dudas en esta decisión de Almodóvar, ya que el nuevo páter familias tampoco se muestra muy considerado con Gloria. Sin embargo, con esta solución también se abre la puerta al reconocimiento de un nuevo paradigma de masculinidad. El macho ibérico desaparece y en su lugar se propone un hombre sensible, útil y capaz de liberar y des-estereotipar (16) la imagen de la mujer tradicional heredada del franquismo (17). Tal vez en terminología nietzscheana, un nuevo superhombre que sepa identificarse con el sujeto femenino, otorgándole el crédito necesario por su participación y contribución tanto en el espacio laboral como en la esfera hogareña.

 

Notas

(1) En España, la transición desde una dictadura política a la democracia marcó lógicamente una fuerte orientación política inicial del movimiento feminista, puesto que éste emergió en el marco de las dinámicas sociales de oposición a la dictadura y a la represión franquista, y desde la perspectiva feminista, contra los discursos hegemónicos en torno a la domesticidad, y contra la discriminación y desigualdad legal. Así, el proceso político de la transición democrática influyó en el surgimiento y participación de las organizaciones y del movimiento de mujeres en la escena política y social (Aguado Higón 2008: 226).

(2) Según Kathleen Vernon, el melodrama, a pesar de haber sido reconsiderado por los estudios feministas de los años 70 como un "género de mujeres", sigue presentando a la mujer como víctima. Muestra un retrato deserotizado de la mujer y la reduce al papel de madre o paciente mental, elimina la sexualidad para dirigir a la espectadora hacia una identificación masoquista con la protagonista femenina (cita en Ballesteros 2001: 59).

(3) Almodóvar subvierte las convenciones de los géneros cinematográficos en los que elige situar la acción, desmonta el privilegio patriarcal y rescata para las protagonistas (y las espectadoras) el protagonismo de la mirada y la acción (Ballesteros 2001: 58).

(4) Era una relación de mando y obediencia. La mujer era ama de casa, madre y abnegada esposa. Su cometido principal era el cuidado de los hijos y la atención del hogar. Y este modelo contaba con el apoyo condicional de la Iglesia católica quien, a través del púlpito del confesionario, lo fomentaba e insistía en su idoneidad. Se aconsejaba a la sufrida esposa que cuando llegara el marido a casa, la mujer no debía agobiarlo con problemas domésticos o de los hijos, sino atenderlo, ponerle las zapatillas, servirle algo de beber, y tras la cena... estar siempre dispuesta para que el jefe de la familia pudiera satisfacer sus deseos más íntimos (Gea Bermejo 2009: http://www.aulablog.com/planeta/node/20614).

(5) Según la propia Marisa Paredes, mujer que ha militado en el movimiento feminista, ahora mismo no es necesario pertenecer a ningún movimiento para que las cosas funcionen, el machismo está desapareciendo del cine. "Hasta hace una década los hombres desconocían el mundo femenino, entonces la mujer era el elemento distorsionador de la historia que contaban. No había personajes femeninos con alma, la chica no tenía psicología. Las nuevas generaciones ven las cosas de otra manera y es importante la incorporación de la mujer en la dirección: ellas cuentan desde el conocimiento de sí mismas". La actriz sigue creyendo en la lucha y la reivindicación para conseguir cambios. Cree que Almodóvar ha ayudado mucho a la mujer al poner siempre el acento en los personajes femeninos (Farfán 2005: http://www.eictv.co.cu/miradas/index.php?option=com_content&task=view&id=538&Itmid=93)

(6) Según María José Fuentes, este artículo es considerado por algunos como el documento fundador de la teoría feminista del cine y el que estableció los “axiomas” de dicha teoría. En dicho artículo, Mulvey intentó explicar la fascinación del cine de Hollywood a través de la noción freudiana de escopofilia, el impulso de origen sexual que busca el control a través de la mirada. Es para Mulvey el eje central de su crítica feminista: "La curiosidad y el deseo de mirar se mezclan con la fascinación ante la semejanza y el reconocimiento: el rostro humano, el cuerpo humano, la relación entre la forma humana y su entorno, la presencia visible de la persona en el mundo -definición lacaniana que cita Mulvey en su obra- (Asparkia 2003: 59).

(7) Por esta razón, la declaración de Almodóvar que sus películas son "feminista[s] porque trata[n] de mujeres absolutamente dueñas de sus destinos” parece muy acertada. Sus películas les dan a sus personajes femeninos una potestad al actuar en sus vidas y mejorar sus situaciones. Esta representación ciertamente puede ser considerada un mensaje feminista (López 2006: 26).

(8) El concepto de la mujer en el cine y el de placer al mirar e identificarse con un personaje en posiciones antagónicas en el cine clásico; Laura Mulvey en su conocido artículo "Visual Pleasure in Narrative Cinema" explica ampliamente este antagonismo: la mujer en el cine es objeto para ser mirado, no sujeto que mira y disfruta de su mirar (Donapetry1998: XII).

(9) Maura and Almodóvar both claim that Gloria was not supposed to be a "funny" character. As Maura notes, this is the first Almodóvar film in which she doesn't appear to have any comic lines (Vidal, El cine 127). The humor is built upon a distanced tragicomic quality in her indomitable spirit that reveals vulnerability as well as strength (D'Lugo 2006: 42).

(10) Ahora bien, esta transgresión laboral parece heredarse del modelo liberal que fue expuesto en el artículo de John Mill titulado "On the Subjection of Woman", de 1869, que fue ampliamente leído y tuvo gran influencia. Según Mill, los principios que gobiernan el acceso a la cultura objetiva por parte de los hombres, es decir, la libertad como capacidad de elección, deberían extenderse a las mujeres asimismo; en otras palabras, las mujeres merecen aquello que los hombres ya tienen (Beriain 2000: 161-162).

(11) Una insolencia que, como la desobediencia misma, forma parte del cosmos identitario feminista. Una insolencia que ha de entenderse no tanto como sinónimo de falta de respeto... sino como desafío de las costumbres, de lo establecido; como un salirse de las normas que puede abrir una fisura en lo que los Estados que se definen de Derecho quieren aparentar, introducir una sospecha de lo que realmente son, causar pequeñas muecas en la imagen de cuasiperfección de las democracias liberales (Olmo Bau 2007/2008: 197).

(12) Además, una sociedad que ha vivido amordazada a lo largo de varias décadas va a aprovechar el clima creciente de libertad; los diferentes sectores sociales y políticos parecen tener una urgente necesidad de formular discursos sobre todo aquello que durante años estaba reprimido o se había tenido que enunciar de manera subrepticia, recurriendo a la metonimia o a la alegoría en algunos casos y, en otros, directamente a la clandestinidad. Muchos sectores de la cultura, el pensamiento y el arte españoles tenían, por decirlo de manera gráfica, verdaderas carencias expresivas, y parecía llegado el momento de desahogarlas (Pérez Rubio y Hernández Ruiz 2005: 5).

(13) El rol reservado por la sociedad a la mujer, el sexo débil, es el de ama de casa, se muestra en esta película manifiestamente más dura y cansada que el de la cabeza de familia. En palabras de Juan Córdoba y José María García Alvarado, "La mujer en apariencia se ha incorporado plenamente al sistema productivo, pero la realidad demuestra que éste sigue siendo un sistema organizado desde una perspectiva androcéntrica, utilitarista y básicamente egoísta [...] con todo este avance social no implica la absoluta igualdad porque la mujer no logra desprenderse de importantes cargas sociales heredadas de roles que ha asumido [...] La debilidad física inicial se convierte así en un extraordinario esfuerzo no solo psicológico sino físico" (López Juan 2004: 295-296).

(14) Andy Medhurst en el libro All about Almodovar nos explica la actitud paródica del dentista: "The scene in his office is taken into the realms of the absurd by the performative excess of the dentist -his flickering tongue, his over-lascivious pouting, his rocking on his heels as he scents the proximity of pray, his lowering of the chair just a bit too far, all of these actions highlighted in their comedic extravagance by the contrasted underplaying of the mother and son" (Epps y Kakoudaki 2009:118).

(15) Se colonizó el concepto de femineidad como si se tratara de un territorio que había que civilizar ideológica, política y económicamente a marchas forzadas. Los derechos y aspiraciones de las mujeres, el incipiente feminismo de los años 30, se vieron arrasados. Los Principios del Movimiento (1937) y posteriores reformas del Código Civil y del Penal dieron al traste con los mínimos avances legales y económicos de las mujeres; hasta tal punto que la mujer se igualó, en cuanto a la disposición de su persona y sus bienes, con un menor o un incapacitado mental (Donapetry 1998: 37).

(16) El feminismo de la igualdad afirmaba que las mujeres poseen unos rasgos específicos debido a factores sociales y culturales que se han reproducido históricamente. El patriarcado excluye a las mujeres de la vida pública y de una gran parte de los recursos sociales. El objetivo es alcanzar una participación social y política y una redistribución de los recursos equitativa. Véase "Lo personal es lo político: El Movimiento Feminista en la transición" (Cobo 1998: 365).

(17) La española de los primeros años de democracia nada tiene que ver con las mujeres homenajeadas por Salvador de Madariaga (1972) en su libro Mujeres españolas, a pesar de la proximidad de la fecha mucho menos con el perfil del ideario de la Sección Femenina, que se resume bien en el subtítulo de la obra de Luis Otero (1999): «De cuando la mujer española se le pedía ser hogareña, patriota, obediente, disciplinada, abnegada, diligente, religiosa, decidida, alegre, sufrida, y leal», condiciones que Pilar Primo de Rivera, al frente de dicha sección, promulgaba en sus discursos(Guarinos 2008: 54).

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ISSN 1988-8848